viernes, 29 de junio de 2012

Inauguratio

En la Antiguedad, concretamente en Roma, al fundar nuevas ciudades se llevaba a cabo una ceremonia.  Los augures, sacerdotes con el don de la adivinación, delimitaban la extensión que debería abarcar la nueva ciudad, de acuerdo con la voluntad de los dioses. De esta forma, y tras marcar el perímetro de la ciudad mediante surcos, quedaba la ciudad "inaugurada".


No cuento con augures ni se siquiera si la voluntad de los dioses es crear este espacio. No obstante, lo inauguro con una ceremonia algo más austera, pero no menos grata. En honor al maestro, nos queda la poesía:


No digáis que agotado su tesoro

 De asuntos falta, enmudeció la lira:

Podrá no haber poetas; pero siempre
             Habrá poesía. 

 Mientras las ondas de la luz al beso

             Palpiten encendidas;
Mientras el sol las desgarradas nubes
             De fuego y oro vista;
Mientras el aire en su regazo lleve
             Perfumes y armonías,
Mientras haya en el mundo primavera,
             ¡Habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
             Las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
             Que al cálculo resista;
Mientras la humanidad siempre avanzando
             No sepa a dó camina;
Mientras haya un misterio para el hombre,
             ¡Habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma
             Sin que los labios rían;
Mientras se llora sin que el llanto acuda
             A nublar la pupila;
Mientras el corazón y la cabeza
             Batallando prosigan;
Mientras haya esperanzas y recuerdos,
             ¡Habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
             Los ojos que los miran;
Mientras responda el labio suspirando
             Al labio que suspira;
Mientras sentirse puedan en un beso
             Dos almas confundidas;
Mientras exista una mujer hermosa,
             ¡Habrá poesía! 

 

  Gustavo Adolfo Domínguez Bastida y Bécquer; Rima IV