No es manera ésta de empezar. Que un jueves siempre me ha
sabido a final, a poner ojitos y pedir clemencia cuando los días pesan
demasiado. Pero empezaremos…
Empezaré reconociendo que no quiero volver a oír mi acento en
los aeropuertos despidiéndose de ti. Que los atardeceres duelen más cuando no
los vivimos a la misma hora. Quiero desgastarme, pero a nuestra manera y allí
donde la canela acompaña al café…o en cualquier otra parte. Pero contigo. Que
si el conjunto es la sociedad, lo nuestro es chirriar.
Presentación de mi segundo libro conjunto publicado: Recortes de Madrid.
Viernes 19 de diciembre de 2014.
17:30 horas.
Café Violín.
Llega la hora de presentar la segunda obra de Estudios y Creación Literaria "Dulcinea del Toboso". En este caso se trata de una obra conjunta que supera el carácter antológico anterior para acercarse a la unidad, en la medida de lo posible. En este trabajo hemos respetado las unidades de tiempo y espacio en todos los relatos, y tiene la particularidad de que los personajes de los relatos de cada autor se van a encontrar en otros capítulos con personajes de otros autores, creando así un nexo que le da cuerpo a la obra, a diferencia de una antología con publicaciones independientes.
El escenario es Madrid, como no podía ser de otra forma.
El libro saldrá a la venta en el mismo Café Violín, por 5 euros. Todo lo recaudado irá a la asociación.
Si os apetece pasar la tarde con nosotros, nos vemos en el mejor café del mundo.
Hoy me dio por crear una historia. Me voy a la ciudad que nunca duerme...¿os venís?
CINCO SERENATAS
Los adoquines no perdonan. La lluvia los había dejado
completamente empapados, y yo, sobre ellos, buscaba ese Jazz Café donde la
encontré la última vez. Le dije al estúpido de Alfred que me acompañara, pero
como siempre tenía cosas que hacer… ¡Maldito inútil!
“Joder, joder” me repetía tras cerciorarme de aquel
caballero que me seguía, con gabardina beige. “Esto parece una puta peli de
cine negro, joder”. Doblé una calle a la izquierda, seguí de frente no más de
veinte pasos y de nuevo a la izquierda. Entonces reconocí la calle. En la
esquina el Edén, el burdel más casposo que había pisado jamás en Nueva York, la
tienda de alquiler de disfraces, seguido de la peor hamburguesería del Estado y
finalmente el Jazz Café.
Sus neones verdes eran reflejados en los adoquines empapados
por la lluvia. Me acerqué a la puerta. A través de su ventanilla pude ver parte
del interior del local, y aproveché para buscarla. Tenía que entrar. Me cago en
la puta llovía a mares tenía que entrar. Me temblaba la mano. Abrí la puerta. Y
entré.
Dos caballeros en la barra, unas pequeñas escaleras y la
zona de mesas, al fondo el escenario. Sentada en una de las mesas estaba ella.
Wanda, la mujer más sexy del mundo, que entregaba sus labios a una copa de vino
justo antes de cerciorarse de mi presencia. Entonces vi al Dios que todos rezan
cuando clavó sus negros ojos en los míos.