Hoy me dio por crear una historia. Me voy a la ciudad que nunca duerme...¿os venís?
CINCO SERENATAS
Los adoquines no perdonan. La lluvia los había dejado
completamente empapados, y yo, sobre ellos, buscaba ese Jazz Café donde la
encontré la última vez. Le dije al estúpido de Alfred que me acompañara, pero
como siempre tenía cosas que hacer… ¡Maldito inútil!
“Joder, joder” me repetía tras cerciorarme de aquel
caballero que me seguía, con gabardina beige. “Esto parece una puta peli de
cine negro, joder”. Doblé una calle a la izquierda, seguí de frente no más de
veinte pasos y de nuevo a la izquierda. Entonces reconocí la calle. En la
esquina el Edén, el burdel más casposo que había pisado jamás en Nueva York, la
tienda de alquiler de disfraces, seguido de la peor hamburguesería del Estado y
finalmente el Jazz Café.
Sus neones verdes eran reflejados en los adoquines empapados
por la lluvia. Me acerqué a la puerta. A través de su ventanilla pude ver parte
del interior del local, y aproveché para buscarla. Tenía que entrar. Me cago en
la puta llovía a mares tenía que entrar. Me temblaba la mano. Abrí la puerta. Y
entré.
Dos caballeros en la barra, unas pequeñas escaleras y la
zona de mesas, al fondo el escenario. Sentada en una de las mesas estaba ella.
Wanda, la mujer más sexy del mundo, que entregaba sus labios a una copa de vino
justo antes de cerciorarse de mi presencia. Entonces vi al Dios que todos rezan
cuando clavó sus negros ojos en los míos.
Y me quedé estúpidamente paralizado.
Otra vez.
by SyA.
Es lo que tienen las calles de Nueva York... Que paralizan.
ResponderEliminarLa ciudad que nunca duerme, es también La Gran Desconocida, aunque no lo creas. De ella, siempre hay cosas por descubrir.
Bonito tu "viaje", amigo. Un abrazo.
Para encontrar a veces hay que perderse.
EliminarSiempre es agradable una visita verzul.
Besos!!