Han pasado dos
meses. La noche no era tan fría como podría parecer, a simple vista. Las
batallas de mi cabeza decidieron darse una tregua para sentir el olor de la
tierra mojada, el aire de la sierra, la
paz de la montaña. Y de nuevo la leña provocó ese comentario tan intrínseco de
los animalitos de ciudad, del senderista de hormigón y furtivo del negocio:
“huele a pueblo”. Las prisas se tomaron un vino, las dudas se estrellaron con
la convicción, la niebla transportó sentimientos, mientras mis ojos se reflejaron
en los tuyos…una vez más. Mis manos quisieron ser de tu cuerpo entrelazándose
con las tuyas, y mi boca dejó de besar tus labios el tiempo necesario para
decir te quiero y volverte a besar.
B.
| Fotografia de @GranBenit |

