El inquietante hormigueo de las dudas asciende provocando la
catarsis en un cuerpo que reza por comprender. Por qué ha de sufrir las
consecuencias de una mente inquieta, siempre buscando la complacencia
imposible. Arde, destruye, busca, y vuelve a arder. Pocos comportamientos
humanos llevan sombrero, mientras el fondo del vaso esboza un “volveremos a
vernos” inmerso en el eterno retorno.
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