martes, 31 de diciembre de 2013

Rosa prohibida

Dónde estarás esta noche, maldita seas. Eras la más bonita de Madrid, y lo peor es que lo sabías. Recuerdo aquella tarde cuando te encontré en la salida de la filmoteca, con el enfado típico del cine de Haneke. “¿Qué le costará terminar las películas? Ahora estaré semanas dándole al coco” decías. Y no te faltaba razón, te pasabas semanas dándole al coco, y al vino. Me encanta lo bien que te sentaba ese Jerez, no se cual de los dos erais más dulce.

Cuando bajo un cielo intensamente rojizo me mirabas, aún no he descubierto de qué color lo hacías, y me pedías que nos escapáramos. Yo fingía que me parecía una locura. Subíamos a mi piso. La temperatura subía como las burbujas de aquel champagne francés, bendito elixir. Recuerdo lo tierno que me ponías escuchando aquella de los Beatles. Recuerdo, la forma en que te movías follando en la cocina. Maldita sonrisa traviesa de femme fatale, me tenías ganado. Recuerdo cómo me temblaban las piernas con tu sensual mirada, esa mirada, cuántos quebraderos de cabeza me ha traído.


Me tenías calado, mereció la pena…



viernes, 27 de diciembre de 2013

Tu recuerdo

Cogemos aire, entonces estamos vivos. Ahora abrimos el enlace siguiente, y volvemos a leer. Deseo regalaros una emoción. Un abrazo.

Las aceras mojadas le han visto pasear, una y otra vez. Los niños enmudecen cuando ven que se aproxima, les llama la atención sus rarezas. Las jóvenes alguna vez le han temido, sin saber muy bien por qué. Es un hombre anciano. Cada mañana se arregla, se peina como puede y se pone unas gotas de ese perfume, el que ella le regalaba. Sale de su casa, en la rivera de esta villa pesquera, y se dirige a la floristería. Allí compra dos rosas y continúa su paseo. La gente le mira entre el misterio y el desprecio, pero no le importa. Se dice que existen tres cosas de las que uno ha de preocuparse en la vida, él ya perdió una. Llega a la cumbre del cerro, desde donde ve el paso del río por el pueblo, hasta desembocar en el mar. Allí se sienta en un banco, el mismo de cada día, el mismo donde hace un tiempo fueron dos. Su recuerdo le estremece el corazón, y trata de buscar algo que de sentido a su existencia. Para qué seguir levantándose cada día, si ya no está junto a él.


Entonces lanza las dos flores. Cierra los ojos, desde donde a veces se le escapa alguna lágrima, y con la mano en el corazón se dice “la tercera flor es tu recuerdo, amor”.



viernes, 8 de noviembre de 2013

Contigo es el lugar


Contigo es el lugar
y en otoño puede ser buen momento
cuando los árboles empiecen a demostrarnos su espectáculo
y el contraste de colores llene las calles de belleza
cuando el olor a leña inunde la ciudad
y las hojas cubran las aceras
cuando el viento llene de prisas a la gente
y los charcos nos recuerden que volvió a llover
será entonces buen momento para empezar a quererte
confía en mí, a todo estoy dispuesto
yo lo tengo claro
contigo es el lugar
 y en otoño puede ser buen momento.




viernes, 1 de noviembre de 2013

Algo de negro

Os dejo dos microrelatos, seleccionados para el festival de novela negra de Madrid, "Getafe Negro". Sin duda el segundo más cercano a la narrativa negra que el primero, más crítico.

ORIGEN 


Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost. Ni las infames aerolíneas que parecen despreciar al viajero funcionan ya en estos tiempos oscuros. El pánico se ha apoderado de las personas. Las ciudades, desiertas, son el reflejo de lo que un día creímos ser. Construimos en vertical, y cuanto más mejor, olvidando que el fruto sale de la tierra. La tasa de natalidad baja al tiempo que incrementa la de pobreza. Y ahora, compartiendo vuelo con una vil minoría, nos preguntamos a dónde vamos. Quizás, esto es lo que debieron preguntarse los directivos de Lehman Brothers y sus colegas, algún tiempo atrás.

NO LA QUISE TANTO COMO PARA NO MATARLA

Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost, y aún así, me siento agobiado. Demasiada tripulación a bordo, y aún así, me siento desatendido. Demasiados familiares en la recepción del aeropuerto, y ninguno espera mi abrazo. Desde que acabé con la vida de Matisse, siento que no encajo en este mundo. Pero no podía permitir que me arruinara la vida, con el hijo que esperaba, y confesando lo nuestro a mi mujer. Debía acabar con ella y huir con Marta, quien nunca podría sospechar nada. Parecía razonablemente fácil, a priori, pero lo cierto es que la situación es insostenible. Su recuerdo me viene a la mente a cada instante, me siento un extraño allá donde voy, y dentro de mí. Cada día lamento que desconociera el precio de la estabilidad, de una vida fácil con mi esposa, en el momento en que apreté el gatillo.


jueves, 24 de octubre de 2013

No te escribiré

No te escribiré nunca
Porque no sé cómo escribirte.
No te escribiré,
Al menos no como
te mereces.

Porque no hay palabra para la música
Y no llego a describir el olor de la lluvia
Porque no puedo escribirte a ti…
Que mereces un cuento de hadas.



martes, 20 de agosto de 2013

Día 1


        Se levantó un día, cualquiera, como todos. Cruzó las mismas calles para coger el autobús de cada mañana, que le llevaba a su monótono trabajo. Pero aquel día, junto a él, se sentó una joven con mirada alegre y sonrisa tímida. ¿Qué pasó? Lo de siempre, la vida... Sólo que a partir de ese momento, conjugaron los verbos en plural.


Foto: Paco Ruíz.



lunes, 8 de julio de 2013

No es que sea rubia o morena,
alta, delgada, con medidas perfectas, 
no tiene nada que ver con eso...

Es que tenga "algo"
... ese "algo" que lo es "todo".

domingo, 16 de junio de 2013

Un sueño de ocho ruedas

“¿Cuánto tiempo más durará esto?”comencé a leer. Necesitaba descansar. Más que una ciudad, Madrid es una sartén cuando llega el verano, decía el más realista de los escritores. Por ello me senté en el banco que ocupaba la sombra de uno de los miles de árboles que abrazan el cielo del Retiro.

Era una tarde cualquiera. Patinaba hasta donde mis piernas me permitían, mientras mi cardio aguantase. Era de justicia que con el calor que hacía me tomara un respiro de vez en cuando, momento que aprovechaba para leer, siquiera no sea más que un rato. Y fue entonces cuando llegó ella:

- Hola, ¿me puedo sentar aquí?
- Anda, siéntate antes de que te desmayes...

Contesté un tanto chulapo. Lo cierto es que ya me había fijado en ella antes. Tenia una forma de patinar muy elegante, no perdía la sonrisa. Yo quise exagerar su condición por el cansancio, como si acaso yo estuviera mejor.

- Puedes estar tranquilo que no me voy a desmayar. He venido a sentarme aquí por ti. Porque en este banco estás tú. Podría patinar dos horas más, pero no podía estar un segundo más sin venir a conocerte...

Me quedé en blanco. Me miró a los ojos, y comenzó a reír. Una carcajada prácticamente burlona.

- ¿Te lo has creído? Ya sabía yo que no podías ser tan chulo. Dime, ¿qué lees?

Me sentí un tanto ridículo, así que me levanté para seguir patinando, justo después de contestarla:

- No leo, porque no puedo. Me cuesta creerlo, pero cada vez más pienso que tienen razón aquellos que dicen que no hay sitio para leer como las bibliotecas. En los parques no se puede uno concentrar con el ruido de las pájaras...

Y comencé a patinar, con una sonrisa traviesa. Ella quiso seguirme el juego, así que se levantó y comenzó a patinar también, siguiéndome.

- ¿Y si vamos a un lugar más íntimo? Quizás ahí si pueda concentrarse el señor lector... - me dijo-.

- No serías capaz de seguirme con tu torpeza al patinar.

- Sólo podrás decir eso con certeza una vez lo demuestres...

No tenía muy claro sus intenciones, pero las sensaciones que me transmitía eran muy positivas. Estaba muy agusto con ese pique con el que tonteábamos, así que acepté.

- Bien, sígueme. Pero ten cuidado, no te caigas.
- Tendré cuidado de no sorprenderte demasiado...

Comencé a patinar a gran velocidad, mostrando mi repertorio de técnicas con los patines, queriendo impresionar. Poco duró tal patética demostración, ya que ella me adelantó enseguida y comenzó a demostrar que era una gran patinadora. Y además con qué estilo patinaba...

Nos fuimos alejando de la zona más transitada del Retiro para acabar en un entorno más íntimo, en los jardines que se acercan más a lo salvaje que a los románticos prados burgueses del parque.

- Y bien, ¿podrás concentrarte aquí?

- Mmm...sigo oyendo ruidos -contesté-.
- Dime, qué lees.

Leer leía en su mirada. Era preciosa. Sus ojos eran un resumen de toda ella, un homenaje a la belleza. El ambiente íntimo llevó a mi timidez a apoderarse de la chulería con la que la había tratado al principio.

- Es un relato de Arthur Schnitzler, El teniente...

- ¡Gustl! El teniente Gustl – contestó ella.

Entendí entonces que mi asombro y admiración no habían tocado techo. Ella comenzó a reír.

- No lo conozco, la verdad. Sólo que lo he visto antes cuando estábamos en el otro banco. ¿Has creído estar en una escena de película eh?

Respondí con una sonrisa. Estaba un tanto confundido con la situación, pero, afortunadamente, el clima se fue relajando. Nos tumbamos en el césped, donde poco a poco, el calor fue cesando en virtud de una puesta de Sol un tanto tardía.

Comencé a sentirme agusto. Hablábamos sobre música, cine, pintura. Me disgustó que admirara tanto a pintores un tanto mediocres como Dalí, pero para ella era prácticamente un dios. Hablaba de él como si se tratara de un Miró. Pero lo cierto es que no iba a discutírselo. Estaba muy cómodo tumbado en el césped, escuchando su voz en lugar de sus sandeces.

Y tan bien es que estaba, que me quedé dormido. Era normal, estaba muy cansado por el calor y el patinaje. Era cuestión de tiempo que acabara así...

...Y poco después desperté. Ella ya no estaba allí. No tenía muy claro si realmente existía o si la había soñado. No me importó demasiado, aunque por un lado si me había llamado la atención y hubiese querido guardar algo de ella, tener otro encuentro.

Recogí mi libro para guardarlo en la mochila, era hora de ir a casa. En ese momento tuve la certeza absoluta de que no fue producto de mi inconsciente. Al guardar el libro, resultó no ser el mio. Era del mismo autor, del vienés Schnitzler, pero me lo había cambiado por otro: el Relato Soñado. Lo abrí, y leí lo que me había escrito:


Ahora sé que existes, no necesito nada más...”



viernes, 24 de mayo de 2013

Y así fue...

Con un Café Violín lleno hasta la bandera, rodeado de los mejores, presentamos Búnker, Relatos y Poesía. Fue el colofón de un año de trabajo, trabajo que reanudaremos en próximos proyectos tras el descanso que toca en los meses de verano.

A todo aquel que se quedó sin la edición en papel, que agotamos, pedirme la edición digital.

Nos vemos pronto...nos leeremos siempre.