Cogemos aire, entonces estamos vivos. Ahora abrimos el enlace siguiente, y volvemos a leer. Deseo regalaros una emoción. Un abrazo.
Las aceras mojadas le han visto pasear, una y otra vez. Los
niños enmudecen cuando ven que se aproxima, les llama la atención sus rarezas.
Las jóvenes alguna vez le han temido, sin saber muy bien por qué. Es un hombre
anciano. Cada mañana se arregla, se peina como puede y se pone unas gotas de
ese perfume, el que ella le regalaba. Sale de su casa, en la rivera de esta
villa pesquera, y se dirige a la floristería. Allí compra dos rosas y continúa
su paseo. La gente le mira entre el misterio y el desprecio, pero no le
importa. Se dice que existen tres cosas de las que uno ha de preocuparse en la
vida, él ya perdió una. Llega a la cumbre del cerro, desde donde ve el paso del
río por el pueblo, hasta desembocar en el mar. Allí se sienta en un banco, el
mismo de cada día, el mismo donde hace un tiempo fueron dos. Su recuerdo le
estremece el corazón, y trata de buscar algo que de sentido a su existencia.
Para qué seguir levantándose cada día, si ya no está junto a él.
Entonces lanza las dos flores. Cierra los ojos, desde donde
a veces se le escapa alguna lágrima, y con la mano en el corazón se dice “la
tercera flor es tu recuerdo, amor”.
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Precioso recuerdo...
ResponderEliminarGracias!
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