martes, 24 de junio de 2014

Sueños en la Noche de San Juan

Noche de fuego, de pasión dicen que es la Noche de San Juan. Llega el verano y toca salir a prender el pasado. Esta vez era un lunes que llovía, y se fue a la mierda. Llovía, y no pudo ser mejor noche.

Te encontré refugiada con la trenza mojada y el alma empapada. El fuego estaba en tu mirada, en llamas. Me miraste y sonreíste, tímida e inocente como siempre, pero invitándome una vez más a lo prohibido. Eran las doce y media de la noche cuando el tiempo dejó de pasar, el mañana dejó de existir, y los truenos echaban a quien quedara en las calles para que estuviéramos solos. Y así nos quedamos, frente a la hoguera.

Mi corazón latía a toda pastilla cuando meneaste las caderas, te subiste sobre mis piernas y comenzaste a quitarte la ropa. Agarré tu cintura y sólo con la mirada ya me habías follado. Acosté mis labios en tu boca, que mordías y tratabas de esquivar para que fuera detrás. Tu cara era poesía y el calor de tu sexo su mejor rima. Besaba tu cuello mientras tu olor me hipnotizaba…bruja.

Todo aquello antes del punto final, tan final que no admitía dos puntos suspensivos. Ni un quizás, un tal vez, un si acaso o un ya veremos. Ni un ápice de esperanza dejaron las palabras de tus labios, que se entretenían entre mi cuello.

Esa noche el incendio lo hicimos nosotros, esa noche, que llovía. Por eso cada noche de San Juan estaré recordando tu piel; cada noche de lluvia será el llanto de este cielo.

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lunes, 16 de junio de 2014

Costumbres

Los rayos del sol parecen evaporar las ideas, y cuando llegó la noche, mientras conducía, me encontraba sumamente convencido de ignorar los sentimientos que vinieron a encontrarse en los últimos días.

Miedo, pánico, pavor…

De verte y no aguantar las ganas de seguirte con la mirada, responder con sonrisas tu sonrisa, de sostenerte la mirada y encontrar las palabras donde depositar lo que siento, antes de que me tildes de pensativo. De hacerte cosquillas y tener un desliz sobre un tapiz estrellado…para dormir en tu pelo.

Que llámese destino, fuerzas o señales que parecen apuntar a una sola dirección, siempre he odiado el turbulento camino de quien confía en los sentimientos, se encuentra sensible, o se abandona a la tristeza con el ánimo de hallar la inspiración. La frialdad del hombre racionalista es la única luz que guía al destino estable y próspero...

…(¿O era al revés?)


 Seguía conduciendo con la firme convicción de continuar como si no pasara nada, sin desviar mi atención hacia los engañosos sentimientos. Recordando que el verano se presta a poca poesía y esperar, como de costumbre, a que volviera a llover. Bueno, en realidad, no estaba tan convencido…no esta vez. Pegué un frenazo en medio de la carretera, única testigo de mis dudas, y reflejando una firme mirada en el retrovisor me dije: “Ha llegado la hora de cambiar un poco las costumbres, y asumir riesgos…”



sábado, 14 de junio de 2014

Noche embrujada





Tema: Apocalipsis /Autor: Marino Sáiz. 


NOCHE EMBRUJADA


He dejado todo patas arriba en mi habitación. Hay poesías por todo el suelo y ginebra en el escritorio. Pero no me corre prisa, lo primero es ordenar la cabeza.

Pero cómo hacerlo...

Tras lo que ocurrió anoche frente a los campos de maíz necesito tiempo para reponerme, reordenarme. Volver a poner las cosas en su sitio, al fin y al cabo, si es que aún estaba a tiempo. Pero a quién quiero engañar, no tengo ni puta idea de cual es su sitio.

Como el guiño de una puta se cubrió el cielo de negro, invitándonos a la lujuria. Y salió la luna recordándonos que en cualquier caso, alguien nos estaría vigilando. Y entonces, tú.

Tu mirada profunda, inteligente, pero infinitamente inocente. Tu sonrisa traviesa me dice que quiere jugar, mi cabeza me dijo que me estaba confundiendo, y la noche me recordó que era el momento.  Estaba todo montado para que mis dedos acabaran acariciando tu piel, tu boca, tu pelo. Pareciera como si yo mismo lo estuviera viendo desde fuera, estaba(mos) descontrolados.

No dejaste de sorprenderme, cada minuto consolidabas la convicción de mis dudas. Todo encajaba contigo, excepto todo lo demás. Y fue entonces cuando aparecieron los fantasmas del pasado: el mismo viaje, las mismas preguntas, los mismos síntomas…y ninguna conclusión. Y esta vez, no sé si me valdrá con el mero conocimiento de que existes…