lunes, 16 de junio de 2014

Costumbres

Los rayos del sol parecen evaporar las ideas, y cuando llegó la noche, mientras conducía, me encontraba sumamente convencido de ignorar los sentimientos que vinieron a encontrarse en los últimos días.

Miedo, pánico, pavor…

De verte y no aguantar las ganas de seguirte con la mirada, responder con sonrisas tu sonrisa, de sostenerte la mirada y encontrar las palabras donde depositar lo que siento, antes de que me tildes de pensativo. De hacerte cosquillas y tener un desliz sobre un tapiz estrellado…para dormir en tu pelo.

Que llámese destino, fuerzas o señales que parecen apuntar a una sola dirección, siempre he odiado el turbulento camino de quien confía en los sentimientos, se encuentra sensible, o se abandona a la tristeza con el ánimo de hallar la inspiración. La frialdad del hombre racionalista es la única luz que guía al destino estable y próspero...

…(¿O era al revés?)


 Seguía conduciendo con la firme convicción de continuar como si no pasara nada, sin desviar mi atención hacia los engañosos sentimientos. Recordando que el verano se presta a poca poesía y esperar, como de costumbre, a que volviera a llover. Bueno, en realidad, no estaba tan convencido…no esta vez. Pegué un frenazo en medio de la carretera, única testigo de mis dudas, y reflejando una firme mirada en el retrovisor me dije: “Ha llegado la hora de cambiar un poco las costumbres, y asumir riesgos…”



2 comentarios:

  1. Asumir riesgos es poner el mundo al revés... Y el mundo va, desde un pensamiento, hasta un "modo de vida".

    Cambiar de ritmo y maneras es genial. Tan genial como tu pequeño gran "parto de letras".

    Te felicito. Vas conduciendo veo, sin prisa y seguro. Un abrazo.

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  2. Sin prisa siempre; la seguridad, en cambio, me alegra que al menos sea aparente. Eternamente dubitativo...ante todo permítaseme la duda :D

    Gracias por tus palabras. Un abrazo.

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