No obstante, para estos momentos están los amigos, y en este caso quizás el mejor que halla tenido. Un gran compañero, que además escribe de manera prodigiosa. En tanto que vuelve el otoño y la inspiración de su mano, os dejo una gran historia,que a mi particularmente me fascinó cuando la reencontré en los cajones del olvido, del gran J.P. Podéis seguir su blog http://vivenpalabras.blogspot.com.es/
Disfruten de "Hasta el hijo de un dios".
HASTA EL HIJO DE UN DIOS
“¡Dios mío! Que resaca tengo, cojones. Si es que ya no estoy para estas cosas, además vaya aguante que tiene esta cabrona de Janis Joplin encima de un escenario…y de un hombre”.
Eso mismo pensé cuando logre despertarme después de una noche verdaderamente brutal. Una vez superados los treinta, las resacas se llevan peor.
A duras penas conseguí levantarme de la cama. Ni siquiera me di cuenta de que la Bruja Cósmica ya se había marchado.
Al agacharme para coger unos calzoncillos todo lo que había tomado la noche anterior (y no había sido poco, la verdad) se puso en huelga y quiso salir disparado de mi cuerpo. Tapándome la boca llegue corriendo hasta el baño y vomite impulsivamente.
Ahora me sentí algo mejor, la tubería estaba desatascada. Tras tirar de la cadena y cerrar la tapa del water, me mire en el espejo. Estaba mortalmente pálido, los ojos inyectados en sangre y el pelo y la barba enmarañados y sucios. Pero todo aquello tenía arreglo, un poco de descanso y una ducha y volvería a ser el mismo. Aunque haciendo honor a la verdad, aquella época estuve más acostumbrado a verme con aquellas pintas que a verme con un aspecto normal, si es que un hippie tiene un aspecto normal.
Volví a la cama y me tumbe de lado con cuidado, no fuese a haber otro movimiento revolucionario en mi maltrecho organismo.
Mire a mí alrededor, para comprobar que el estado de mi apartamento era equiparable al mío. Lienzos, pinturas y ropa poblaban el suelo. Al ver los lienzos nota como algo importante se me hubiese olvidado, pero no fui capaz de recordarlo, el dolor de cabeza era insoportable.
Decidí hacer un esfuerzo titánico y me incorpore de nuevo. Me daría ducha, ordenaría aquel caos y saldría a dar una vuelta por la calle. Hacia un día esplendido de principios de primavera, justo la época del año que me gustaba.
El agua fría me despertó por completo y de mi letargo y al principio era insoportable, pero la experiencia me decía que después lo agradecería. Tenía una sobrada experiencia en despertares obtusos. Igualmente, me lave el pelo, cosa que ya necesitaba una mayor técnica.
Tras secarme y salir de la ducha, observe de nuevo mi reflejo y el resultado era infinitamente superior. Mis largos cabellos castaños oscuros caían húmedos hasta más allá de los hombros y los ojos habían dejado de parecer los del mismísimo diablo.
Acto seguido, me puse unos pantalones vaqueros el armario. Estaban algo desgastados y en la zona de las rodillas presentaban roturas, pero Janis había comentado en cierta ocasión que me hacían un culo mas que divino, de modo que no había reparo en llevarlos puestos.
Ordenar el desastroso apartamento fue una tarea más difícil, pero tras media hora conseguí guardar toda la ropa, colocar debidamente todos los cuadros a medio terminar, guardar los lienzos sin usar y limpiar todos mis pinceles. Igualmente, coloque en el estante oportuno todos los botes de pintura.
“¿Ves Chechu?, hace una hora estabas en el infierno y ahora vuelves a sentirte como un verdadero Dios”.
Iba a coger una camiseta para terminar de vestirme cuando oí como alguien golpeaba a la puerta con suavidad.
Me dirigí a la misma rezando para que no fuera el pesado del casero. Al mirar por el hueco de la mirilla me quede atónito al ver a una joven de veintipocos que miraba distraída al suelo.
Como un torbellino vinieron a mí los recuerdos del día anterior. Antes de comenzar el gran concierto de la Dama Blanca del Blues había conocido a la joven que ahora acudía a mi puerta. Se llamaba Madeleine. La cosa es que ella adoraba la pintura y al informarla de mi vocación, todo coincidió perfectamente para que al día siguiente ella viniera a mi casa para que yo la pintara. Ella quería saber si yo era de verdad un gran pintor, de modo que me dijo que se reservaría para ella el modo en que quería que yo la retratase.
Me había excitado profundamente su manera de conducir la situación. El problema es que ya no recordaba mucho más del tiempo que pase con ella, porque entre la bebida, la hierba y la rasgada voz de Joplin todo se convirtió en un mar de imágenes psicodélicas y punteos de guitarra.
Abrí la puerta y esbocé una sonrisa. Llevaba puesto un corto vestido de tirante en color amarillo y unas botas negras que le llevaban algo más debajo de las rodillas. Se notaba a la legua que no llevaba sostén y sus curvas insinuantes quedaban reflejadas a través de la prenda. Su pelo era castaño claro y enmarcaba un rostro de insinuante. Sus ojos negros me miraban intensamente y su boca entreabierta lucia seductora con unos labios carnosos del todo atrayentes.
__ Con que al final has venido__ dije con voz pausada.
__ ¿Que esperabas? No todos los días se conoce a un tío que se preste a pintarte gratis.
“Desde luego, me pierden este tipo de mujeres”, pensé con resignación.
__ Pero bueno__ prosiguió ella __ igual tras ver el resultado encuentre alguna manera de pagarte este favor, ¿no?
__ Siempre y cuando lo merezca.
__ Esperemos que todo salga así.
Sin invitarla a entrar, ella paso delante de mí mirándome descaradamente, con esa mezcla de sensualidad e inocencia que tanto me había encandilado la noche anterior (todo esto empezaba a recordarlo poco a poco).
Cerré la puerta y observe como ella contemplaba minuciosamente cada punto de la habitación.
__ Veo que no te ha dado tiempo a crear un ambiente propicio, ¿eh? __ bromeo ella.
__ Tranquila, lo arreglare ahora mismo.
Crucé la estancia hasta un pequeño armario situado al lado de la cama; lo abrí y saque de el unas varillas de incienso Encendí cuatro y las repartí por el suelo de toda al habitación. Acto seguido, baje la persiana de la única ventana de la casa y encendí la lámpara de noche.
__ Ahora solo falta que elijas hacia donde debo proyectar la luz.
Mary fue hacia la lámpara y dirigió la luz de la misma hacia la cama.
__ Supongo que allí estaré cómoda.
La actitud de la joven estaba empezando a excitarme profundamente y tras el cuadro ya tenía pensado proponerla una forma de pasar el día.
Fue hacia la cama, se sentó en ella y se quito las botas. Después, se puso de rodillas y se dio la vuelta, de cara a la ventana cerrada.
__ Bien, __ me dijo__ ¿que te parece así?
Sin que a mi me diese mucho tiempo a procesar sus palabras, Madeleine, con una rápido y preciso movimiento, se quito su pequeño vestido por la cabeza. Se volvió a dar la vuelta de rodillas. La imagen era exuberante.
Su larga melena caía despeinada por sus suaves proporciones y con sus péquelas manos sus redondos y bien formados pechos. Su mano derecha cubría el seno izquierdo y viceversa. Me miraba con la cabeza ligeramente ladeada hacia mi izquierda. Era una pose perfecta y todo lo había echo ella, sin una sola indicación mía. Es mas, yo estaba atónito, prácticamente no pensaba n el cuadro, lo que tenia delante era algo mucho mas bello de lo que jamás podría crear con un pincel. Observe también que llevaba unas palabras escritas debajo del ombligo: VIVRE L’ART. No sabia si se las había pintado ella para la ocasión o era un tatuaje de verdad, pero el resultado mejoraba con creces la sensualidad de la escena. Solo unas pequeñas braguitas tapaban su mayor tesoro.
El único problema que tenia aquel momento era el hecho de que al no llevar ropa interior, el que ella notase mi inminente erección era cuestión de segundos. Pero a pesar de percatarse de tal echo, no dijo nada. Parecía complacida con la idea de ponérmela tiesa.
__ Me las tapo para crear suspense; ya sabes, insinuar…es la base de un buen momento erótico. Así que ponte manos a la obra, Picasso de pacotilla.
Tras decirme esa ultima coletilla, se río inocentemente. Yo elegí no hablar, ya que temía cagarla y romper el momento. “Pues nada, habrá que hacerla caso”, pensé. Aun así, no pretendía dejarla a ella sola poner las normas. Atacaría yo también.
__ Empezaré tras una pequeña pausa inicial.
Del mismo armario del que había sacado el incienso, tome una pequeña bolsita y un paquete de tabaco.
En cuanto ella diviso los objetos, sonrió.
__ El nivel de esa bolsa ha descendido bastante desde ayer, ¿verdad?
__ Bueno, parte de culpa la tienes tú, pero en esta ocasión será solo para el artista, ya que la modelo debe permanece quieta.
__ ¿También mientras te lo lías? ¿Que pasa, que esa es tu inspiración?
__ Si aguantas en esa posición todo el tiempo, comprobare que verdaderamente quieres este cuadro.
__ Aun desconoces cuanto tiempo puedo llegar a aguantar, artista.
No llevaba ni dos minutos liado cuando el timbre de la puerta sonó de forma estridente.
__ Espera, no tardo.
La cama no podía verse desde el umbral de la puerta, así que no me preocupe de que alguien pudiese ver a mi huésped.
Abrí la puerta, sabiendo perfectamente quien esperaba al otro lado. Allí estaba el gran Peter Forman, un perfecto gilipollas. Uno de los hombres mas desagradables que jamás conocí sobre la faz de la tierra. Cuarentón, bajo, gordo, con una densidad capilar bastante deprimente y con una cara de perros permanente que me sacaba de mis casillas. Así era mi casero.
__ ¿A quien te has subido aquí, gamberro?__ gruño.
__ Forman, te he pagado todo el mes con dos semanas de antelación, ¿no debería ser motivo suficiente para que me dejases en paz?
__ No te dejare en paz si subes a una puta.
Antes de que me diese tiempo a replicar, Madeleine apareció rápidamente a mi lado, con expresión de incredulidad…y esta vez sin cubrirse.
__ ¿Qué le pasa, que tiene miedo a ver u par de estas?__ pregunto mientras se agarraba con firmeza sus pechos.__ Además__prosiguió__ debería mostrar mas respeto por una de las profesiones mas antiguas del mundo.
“Y tan antigua”, pensé.
__ Por favor, Madeleine, vuelve dentro, me ocupo yo.
__ Será gilipollas el tío…__ susurró mientras entraba en la casa.
__ Forman, vamos a llevarnos bien __ le dije al casero.
El callo al instante y por un momento pensé que le había convencido, pero segundos después percibí que lo que estaba haciendo era husmear el aire como el sabueso que era.
__ ¡Has metido droga en mi casa, desarrapado!__ gruño fuera de si
“Mierda, encima me ha pillado la inspiración”, pensé disgustado.
__ Si es que no se en que estaría pensando cuando te alquile el apartamento, con esas pintas de guarro, esos pelos…
Su retahíla no tenía fin, así que me limite a mirarle tranquilamente hasta que terminase.
__...mírale, si es que ni siquiera lleva camisa, puto hippie de mierda.
Respire profundamente antes de hablar.
__ Un momento, por favor__ le dije
Sin esperar respuesta alguna, entre en la casa, cogí las llaves y le guiñe un ojo a mi invitada después de decirla que no tardaría mas de cinco minutos. Ella asintió.
Salí al rellano de la escalera y cerré la puerta. No recuerdo si Peter seguía increpando cuando yo comencé a hablar.
__ Mire, no he soportado tormentos inaguantables para que ahora un petardo de hombre, amargado y aburrido porque hace eones que no echa un buen polvo me ahogue el poder pintar a una chica hermosísima. Tío me dieron palizas, me dejaron la espalda mas seca que el desierto donde me tentó el mismísimo Satanás, me agujerearon la cabeza con aquella puta corona y para colmo me colgaron en una cruz que pesaba más que el maldito Goliat. ¿Cree que no tengo otra cosa que hacer que aguantar a un frustrado como usted que no hace más que tocarme la polla? Esta bien, me largo esta noche, pero a la belleza que tengo ahí dentro yo al pinto como que mi madre se llamaba María.
Dicho esto, me metí en casa y le cerré la puerta en sus narices de cerdo gruñón. Ya no se atrevió a molestarme más. Seguramente me considero un hippie fumado que no sabia lo que decía, pero francamente, me la sudaba por completo.
Madeleine se había vuelto a colocar en su pose para que yo la retratase.
__ ¿Que le has dicho ha ese cretino para que nos deje en paz?__ me preguntó
__ Que hasta el mismísimo hijo de un Dios tiene su límite.
__ Amen.
J.P

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